• Proyecto Chalaúras

Beneficios de la música y la batucada para el desarrollo integral de las y los participantes

Hoy quiero ofreceros una entrada así más... de curiosidad e informativa.

Imaginad, algunos de vosotros y vosotras, que estáis leyendo esto, habéis experimentado un taller continuo de batucada, o ya pertenecéis a alguna, y sabéis lo que la batu os aporta. Estoy segura, porque lo he vivido en carnes propias y lo vivo cada día que me cuelgo un tambor... que las cosillas que diréis tienen relación con vuestro estado emocional: liberas energía; te lo pasas bien; te vas descargada de mal rollo y llena de ratitos chulos; es que te llena el grupo de compis que tienes, etc.; y en resumen... te aporta, al menos un momentito, felicidad y es terapéutico, ¿no?.


Pero... ¿Qué pasa a otro nivel? ¿No habéis notado que avanzáis en ritmo, que coordináis mucho mejor, que tenéis más soltura a la hora de bailar o tocar...? Que leéis las señas del director o directora con más rapidez... Que os acordáis de repente de ritmos que hace mil que no tocáis ni estudiáis...? (jijiji)

Pues todo esto (y mucho más), señoras y señores, es que la música, y en este caso, la batucada, nos hace cositas por dentro, nos cambia, hace que evolucionemos, que aprendamos incluso sin darnos cuenta, que podamos desarrollar y explotar nuestras capacidades y habilidades... Y este post tiene relación con eso. La música, y vuelvo a repetir, la formación de una batucada, o la práctica de la percusión, y aún más en grupo, nos beneficia a nivel emocional, cognitivo, o motor.


A nivel de desarrollo perceptivo, por ejemplo. Por un lado, los instrumentos se manipulan, ya sea con las manos, con las mazas, con las baquetas... Nuestro tacto está trabajando a pleno rendimiento sin que nos demos cuenta. Pero es que con la técnica de cada tambor, automatizamos también los movimientos, mejorándolos inevitablemente, poco a poco. Esto de automatizar los movimientos nos permite que otros sentidos comiencen a trabajar más a fondo, como sucede con la audición. Conforme vamos aprendiendo, nuestra sensibilidad auditiva y la capacidad de escucha se va desarrollando. Con la práctica, podemos ir diferenciando unos sonidos de otros, unos patrones rítmicos y otros tantos, y todo eso, incluso mientras toda la batucada está sonando y tocamos a la vez.


Esto de la automatización y la kinestesia, tiene también mucho que ver con la psicomotricidad. La batucada es música, pero también es movimiento, como hemos dicho. Con la práctica, estamos trabajando la movilidad, la coordinación, el equilibrio, o la lateralidad. ¿Qué es esto? Sencillo. Las coreografías nos ayudan a activar nuestro cuerpo; marcar el pulso con los pies mientras tocamos incluso con manos opuestas, hace que nuestro cerebro "se divida", trabajando lateralidad. Pero que además, no nos damos cuenta pero estamos ubicándonos en un espacio, y en un tiempo concretos, y trabajamos sobre ello, es decir, fomentamos las conductas/habilidades perceptivo-neuro-motrices.


Hay más. En la batucada usamos un lenguaje inherente a través del cual todos y todas los/as participantes podemos comunicarnos. Por un lado, la metodología de señas supone aprender un nuevo idioma a través del cual fluye la comunicación entre la dirección y la batería de instrumentos. Por otro lado, los patrones rítmicos de la batucada se traducen en frases, palabras o sintagmas que dan sentido a la composición y hace que nuestro cerebro lo procese de una forma más sencilla. Y aún hay más. Además de las señas ya establecidas... está el lenguaje no verbal. Cuando estás tocando en medio de un montón de tambores, es inevitable pero también súper importante y necesario, mirar a tus compis de tambor, y comunicarte de alguna manera: una sonrisa, una palabra (que ni en broma se escucha), un movimiento de cabeza, unos ojos muy abiertos, una burla, una llamada de atención... Esto es... una de las cositas mágicas que suceden ahí en medio... conocernos, entendernos y hablarnos sin hablar, mientras tocamos. ¡AY! Resumen: mientras aprendemos música, la batucada fomenta también el desarrollo lingüístico no verbal a través de un lenguaje único.


Con respecto al desarrollo cognitivo, también hay cosas que decir. Por un lado, está yo creo que clarísimo, que la batucada hace que tengamos que prestar atención, y muchas veces, no sólo a una única tarea: estar atentas y atentos a los movimientos de pies y manos; atención a las señas del director o la directora; prestar atención a lo que estamos tocando, los patrones rítmicos y a cómo suena nuestro instrumento... Incluso prestar atención a los demás tambores. Es decir, con la batucada, de manera consciente e inconscientemente, fomentamos la atención dividida, la atención selectiva, y la atención sostenida. En consecuencia, o paralelamente, también estamos pidiendo a nuestra cabezota que se concentre en una tarea, o en varias... ¡tremendo! Pues podemos extendernos un poco más. Si hablamos de los beneficios de la batucada a nivel cognitivo, no podemos olvidarnos tampoco de la memoria. El trabajo constante hace que memoricemos diferentes patrones rítmicos (y señas), además de fomentar la imaginación y la creatividad. Pero que los movimientos automatizados también tienen su parte de memoria postural, muy importante para que toquemos con más soltura. Y hablando de ritmos... la música es mucha matemática y lógica, lo que asimilando, comprendiendo e interiorizando conceptos musicales estamos trabajando el razonamiento lógico e incluso las estructuras de mapas mentales. En relación con todo esto... hay un término que se está utilizando cada vez más y que puede que abarque el concepto que quiero transmitiros: la batucada nos ayuda a desarrollar las inteligencias múltiples.


Aunque vayamos a la batu como individuos y seres independientes, la batucada, es un trabajo de grupo. Partimos de lo individual hacia lo grupal. Todos los instrumentos, y las personas, suman y son imprescindibles para un proyecto común; para crear un ritmo y salvar todos sus matices. Pues bien, con el trabajo en equipo estamos estimulando el desarrollo social. La batucada es una actividad donde la interacción y la socialización con los miembros del grupo es obvia, por lo que los/las participantes, durante la convivencia y el ambiente que se genera alrededor y dentro del grupo, puede mejorar sus habilidades sociales, o bien crear nuevas redes de amistad. A mí esto me fascina... y lo amo. Es una maravilla ver cómo cada persona llega al taller con y por sus circunstancias propias; con su propia vida y sus amigos; con su forma de ser y de estar en el mundo... y cómo poco a poco, se van generando lazos de pertenencia al grupo; estímulos que cohesionan a las personas y vínculos entre ellas. ¡Ay...!


Por último, y no por eso menos importante, me gustaría recalcar el papel de la música y la batucada (percusión grupal), en el desarrollo emocional y la transmisión de valores. No me digáis, vosotros y vosotras que lo habéis experimentado, que no existe gestión o expresión emocional... ¿Qué me decís de esos subidones cuando el ritmo suena de lujo? ¿Qué me dices de lo bien que lo pasamos? ¿O qué me dices de la frustración cuando algo no nos sale y estamos ahí erre que erre...? O del choque que has tenido con tu compi, o eso de aceptarnos tal y como somos en el grupo...? No me digáis... que no trabajamos el respeto, la cooperación, la empatía, la solidaridad, el espíritu crítico o incluso la responsabilidad (mira tú, ¿qué pasa con los hábitos de orden o cuidado del material? ¿Qué me dices del compromiso contigo y con los demás?


Pues este es mi análisis. Así lo pienso, así lo huelo, lo toco, lo percibo, lo noto; así lo siento, y así lo vivo. Espero, ojalá, que muchos muchos años más, pero sobre todo, con vosotros y vosotras.



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